Hace unos días volví a leer a uno de mis poetas favoritos Vicente Aleixandre; y me recordó por
que, precisamente, me gusta tanto.
Vicente Aleixandre (1898) - VEN, SIEMPRE,
VEN
No te acerques. Tu frente, tu ardiente
frente, tu encendida frente,
Las huellas de unos besos,
Ese resplandor que aun del día se siente si te acercas,
Ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
Ese rio luminoso en que hundo en mis brazos,
En el casi no me atrevo a beber por temor
después a
Ya una dura vida de lucero
No quiero que vivas en mí como vive la luz,
Con ese ya aislamiento de estrellas que se une con su luz,
A quien el amor se niega a través del espacio
Duro y azul que separa y no une,
Donde cada lucero inaccesible
En una soledad, que gemebunda, envía su tristeza
La soledad destella en el mundo sin amor.
La vida es una vivida corteza, una rugosa piel inmóvil,
Donde el hombre no puede encontrar su descanso
Por más que aplique su sueño contra un astro apagado
Pero tú no te acerques, Tu frente destellante carbón encendido
Que me arrebata ala pobre
conciencia,
Duele fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir
De quemarme los labios con tu roce indeleble
De sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador
No te acerques porque tu beso se prolonga con el choque
Imposible de las estrellas,
Como el espacio que súbitamente se incendia
Éter preparador donde la destrucción de los mundos
Es un único corazón que totalmente se abrasa
Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte
Ven como la noche ciega que me acerca tu rostro
Por esa línea larga que funde los metales
Ven, ven, amor mío, ven, hermética frente, redondez casi rodante
Que luces como una órbita que va a morir en mis brazos
Ven con dos ojos o dos profundas soledades
Dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco
Ven, ven, muerte, amor, ven pronto, te destruyo
Ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo
Ven, que ruedas como liviana piedra
Confundida como una luna que me pide mis rayos.
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